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Ser en el cuerpo: Piedra · Tallo · Humana
Por Laura Lorena Feijoó @lauralorenafeijoo 

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"Un tallo brota en medio de la piedra" -  M. Palomino

"Se dice que el butoh es una danza de transformaciones" -  R. Volij

La llamada danza contemporánea no es un estilo único, sino un campo de prácticas y técnicas que se fueron cruzando y transformando a lo largo del siglo XX y hasta hoy. Surgió, en parte, como respuesta a una necesidad vital e histórica: expresar con el cuerpo más allá de la narrativa lineal, del relato cerrado y de la forma predeterminada. Ese impulso llevó a profundizar en el estudio anatómico, sensorial y somático del cuerpo, y a poner en el centro la experiencia interna del movimiento, la escucha y la presencia.

Coreográficamente, la danza contemporánea modificó las formas de hacer y de ver en el espacio-tiempo. Ya no se trata solo de ocupar un escenario con figuras claras, sino de habitar el espacio como un material más: jugar con los tiempos, con las pausas, con la micro-gestión del gesto, con la relación entre cuerpos y con la percepción del espectador. En ese sentido, la danza contemporánea puede pensarse como un laboratorio de experiencias corporales donde el cuerpo deja de ser principalmente un instrumento de representación para volverse un lugar de investigación, de riesgo y de invención.

En esta nota voy a hablar de la danza Butoh, una práctica japonesa que algunos historiadores y teóricos de la danza, como Susana Tambutti, incluyen en la línea temporal de la danza contemporánea. Lejos de reducirla a un “estilo exótico”, me interesa pensarla como una vía privilegiada para explorar cómo el cuerpo puede abrirse a la transformación, a la resistencia y a nuevas formas de subjetivación.

En el Butoh, el movimiento deviene cuerpo de diversas maneras; sin embargo, lo que importa es aquello que excede la forma, lo que la atraviesa, la desborda y la vuelve experiencia viva, algo que es anterior e independiente a la forma misma. Habita la forma para sentirla, no para definirla, el gesto se fija cuando el cuerpo se vacía. Por eso podría ser considerada una danza de la resistencia: resistencia a lo representado, a aquello que está definido y es repetido; una danza de las tensiones de fuerza, de la vitalidad y del presente como presente profundo, no lineal, sino inmanente.

Fue al habitar la experiencia de ser piedra que deviene tallo, que deviene diente de león, que deviene humano, que deviene dolor y gratitud, donde encontré el Butoh. Ahí se me reveló el Ma (間), un concepto japonés que alude a un espacio-tiempo vacío y latente. En el Butoh, el Ma funciona como un pasado que late en el presente, no como una sucesión cronológica, sino como una coexistencia de tiempos, en un sentido bergsoniano. Bailé piedra tal como la piedra estaba; bailé tallo como aquello que brota de la piedra, como deseo. Entre ser piedra y ser tallo, fui ambas en mí: humana, piedra, tallo. Fui dolor y fui amor.

El Butoh, para mí, es una técnica que prepara el cuerpo para vaciarse y volver a habitarse, permitiendo que las tensiones universales lo atraviesen sin juzgar.

Estuve y fui.

El pensamiento contemporáneo nos invita a pensar el Butoh, desde Occidente, en términos de devenir, afectos, perceptos, profundidad y presentación. Por “afectos” me refiero a esas fuerzas que nos atraviesan antes de que podamos nombrarlas: un temblor, una opresión en el pecho, una urgencia de movimiento. Por “perceptos”, a las cualidades sensibles que el cuerpo registra y pone en juego: el peso, la textura del aire, la relación con el suelo. Quizás se trate de una reacción ante la crisis que atraviesa Occidente, un sistema que se resquebraja en aquello que lo sostiene: lo humano. El Butoh no es solo una danza japonesa, sino una práctica que permite pensar el cuerpo como zona de devenir, de imaginación (en un sentido amplio) y de resistencia. Un medio activo y vivo para leer ciertas experiencias contemporáneas del Sur global.

Me permito ser optimista y pensar que la danza Butoh, y su aporte a la danza contemporánea, nos habilita a encarnar una forma de estar en el mundo y de ser con el mundo más allá de la interpretación y más acá de la vida. En mi práctica de danza, en una de mis presentaciones en clase me tocó ser piedra y tallo. Me tocó, devenir piedra, tallo, humana desde mi propio recipiente, un cuerpo de bailarina contemporánea, mujer, madre, rota, sobreviniente, descartada, amada; pero sin representarlo, un cuerpo vacío que se deja afectar. El tiempo no fragmentado y tampoco lineal sino un tiempo profundo, entrelazado, me permitió encarnar ese estado molecular de otros cuerpos en mi cuerpo, molécula piedra, molécula tallo siendo molécula mujer; porque habitamos en la práctica de danza ese espacio que permite a las moléculas ser “otra cosa”. Todo esto hizo de mi experiencia en el Butoh la encarnación de estados del movimiento. Estados danza. Como dice Rhea, “fuerzas anónimas en el doble movimiento de lo concreto y lo abstracto

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¿Cómo puede ese estado funcionar como resistencia? ¿A qué resistió en mi performance?

El Butoh es un modo de estar en el cuerpo y habitar el movimiento, dejando que este nos sorprenda y nos vuelva a involucrar con la vida. Lo hago a partir de aquello que Deleuze y Guattari llaman “cuerpo sin órganos”.

Quisiera aclarar dos conceptos centrales de estos autores. El primero es el de devenir. Lo entiendo como aquello que se relaciona con las dinámicas del cuerpo en el plano de las intensidades, los afectos y las relaciones, en oposición a una identificación estática. Pienso el devenir como un proceso de tensiones de fuerzas en el que la fuga, en relación con la forma, nos permite habitar nuevas maneras de ser. El devenir no tiene un punto de llegada predecible. Es una posibilidad, una tensión, un campo de posibilidades que afecta a los sentires y a los haceres.

En la práctica, en una clase de danza contemporánea o de Butoh, por ejemplo, una bailarina no parte de la idea “soy una bailarina alegre” para luego “hacer alegría” con el cuerpo. Más bien, se deja afectar por una cualidad (peso liviandad, velocidad, expansión, vibración) y, a partir de ahí, su cuerpo va entrando en un devenir-alegría, devenir-liviandad, devenir-velocidad. No representa un estado fijo; se transforma mientras se mueve. En ese trayecto, puede pasar de ser “la que sonrie” a ser “la que sostiene”, “la que se quiebra”, “la que se expande”, sin que haya un guion previo. El devenir es eso: no ser una cosa, sino estar en tránsito entre varias.

Por otro lado, el cuerpo sin órganos se refiere al cuerpo como un ensamblaje complejo de intensidades y relaciones; un cuerpo vivo, con energías, en lugar de uno definido puramente por sus estructuras anatómicas. No es un cuerpo territorializado en su sentido más estático, sino un cuerpo de intensidad que busca, más que destruir, habilitar otras formas de organicidad.

Para pensarlo de manera más concreta, cuando un bailarín trabaja en el suelo, dejando que el peso se distribuya de formas inhabituales, o cuando permite que una respiración, un sonido o un temblor modifiquen su postura, ya no está usando el cuerpo solo como “brazos, piernas, columna”. Está experimentando el cuerpo como un mapa de intensidades, zonas que se activan, se apagan, se conectan de maneras inesperadas. En ese momento, el cuerpo no es solo un organismo con funciones claras, sino un campo de fuerzas que se reorganiza. Eso es, en parte, lo que los autores llaman cuerpo sin órganos: un cuerpo que no se reduce a su anatomía, sino que se abre a otras composiciones posibles.

Cito a ambos autores porque, en su libro Mil mesetas, desarrollan estas nociones como parte de una crítica a las formas fijas de organización del cuerpo, del sujeto y del deseo. Allí, el devenir y el cuerpo sin órganos no remiten a una disolución caótica de la forma, sino a la posibilidad de abrir el cuerpo a nuevas composiciones, intensidades y modos de existencia. En ese sentido, estas ideas permiten pensar el Butoh no solo como una práctica estética, sino también como una experiencia de transformación sensible y política, en la que el cuerpo deja de ser mero soporte de representación para volverse lugar de experimentación, resistencia y creación.

El motor de mi performance fue un poema de Mariana Palomino, pero el activador de ese poema fue mi propio estado personal, que devino, en el entrenamiento Butoh, en un estado-con-el-mundo. El detonador de ese estar-con-el-mundo fue la presencia absoluta, vaciar el cuerpo y dejarme afectar por fuerzas universales. Se trata de una subjetividad ontológica: una manera de ser que no está dada de antemano, sino que se construye en el acto mismo de moverse y sentir. En ese cuerpo convivían, en plena tensión, sus marcas situadas (bailarina, madre, mujer) y sus devenires moleculares (piedra, tallo, cuerpo humano). Por “devenires moleculares” pienso en transformaciones pequeñas, casi imperceptibles, que van cambiando la cualidad del movimiento: pasar de una rigidez casi pétrea a un brote, a una expansión vegetal. No es un proceso lineal, sino una verdad que se actualiza en la práctica misma de la presencia. Componer en el Butoh es con el mundo, no en el mundo, el movimiento no se diagrama o programa, desde afuera, sino que surge en relación con lo que hay alrededor, con el aire, con el otro, con la historia. Quizás haya cierta violencia universal que se libera en ese acto; quizás yo misma haya liberado, en resonancia, una violencia íntima y contenida.

Butoh en el Sur Global

La maestra Rhea Volij señala en sus clases que el devenir del Butoh está en Latinoamérica. Esta relación entre Oriente y el llamado Sur global nos remite no solo a lo estético, sino también a una relectura de estos autores. Sin embargo, este Oriente no es un Oriente tradicional: es un Oriente que recibe un sistema que se impone sobre otro. Su potencia no reside únicamente en su genealogía oriental, sino en su capacidad para ser reactivado en contextos donde el cuerpo ha sido disciplinado, fragmentado o sometido a violencias históricas y sociales. En América Latina, esta resonancia resulta especialmente significativa, porque las marcas de la colonialidad, la militarización y la precarización de la vida han producido cuerpos tensionados entre captura y fuga. En las mujeres, este cuerpo disciplinado se encarna de manera notable a través de las violencias ejercidas, tanto simbólica como físicamente, aún en el contexto contemporáneo: el juicio, el abandono, el descarte, la desvalorización. El Butoh, en este marco, no ofrece una representación de esa violencia, sino una vía para hacerla sensible, pensable y transformable desde el movimiento, presentando las fuerzas y sus tensiones en el cuerpo.

Pensar lo normativo, aquello que fija la norma, lo que es considerado luego normal, como una gestión de lo violento —en términos de constreñir, amoldar y delimitar la estética, es decir, el campo de lo sensible— me lleva a reflexionar sobre cómo el campo artístico puede revelarse. Desde la perspectiva de Andrea Soto Calderón, me interesa abordar la imaginación no como una facultad desligada de la materia, sino como una fuerza que interviene en la configuración sensible de lo real.

Inscribirse en el Butoh vuelve visible esta dimensión a través de la creación de un cuerpo-imagen que no ilustra un significado previo, sino que lo hace aparecer y acontecer a través del movimiento, la suspensión y la transformación. Nos afecta. Nos interpela. Nos extrae de lo cotidiano y de lo normado, de esa mirada que obliga al cuerpo a volverse predictivo y representativo, y nos abre la posibilidad de habitar una mirada encarnada y situada. Un presente profundo donde el futuro es potencia. Futuro piedra/tallo/humana.

 

 

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Laura Lorena Feijoó es bailarina, coreógrafa e investigadora. Maestrando en Tendencias Contemporáneas de la Danza (UNA) y Lic en Sociología (UBA), desarrolla su trabajo entre la creación, la investigación del cuerpo y la pedagogía en danza contemporánea. Ha sido becada por el Fondo Nacional de las Artes, el Fondo Metropolitano de la Cultura, las Artes y las Ciencias y Prodanza. Es fundadora y coordinadora de Danza Contemporánea Buenos Aires (DCBA).

Contacto: 011 6000 6555 IG @lauralorenafeijoo Mail: lauralorenafeijoo@gmail.com

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