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Pochi-Pochi, de Vivi Tellas y Rita Pauls (edición Paraíso): una práctica que elige sus intersticios

Por Laura Lorena Feijoo y Venus Guerezta
@lauralorenafeijoo y @venusguerezta
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Una feria gráfica y un puesto de verduras orgánicas circundan el Galpón de Guevara. Adentro, más de 150 transeúntes ojean libros, poemarios, afiches y mandarinas; degustan guiso de lentejas y aguardan expectantes la performance que está a punto de suceder. Así empieza la noche de “Pochi-Pochi de Vivi Tellas y Rita Pauls, edición Paraíso”, activada por Paraíso Club en el marco de una programación que pone el arte en contacto directo con la vida cotidiana.

La obra activó un portal en el cuerpo de todxs a través de una operación muy concreta: unx performer, una foto de su infancia y el relato de su escrito. En ese movimiento gráfico y textual se trazó un sendero hacia la más grande fantasía: la infancia, que alumbra lo que aún sigue cargando la carne, lo que late en sus adentros. Una teletransportación a mundos tan escalofriantes como maravillosos.

Pensar esta noche desde la danza independiente implica desplazarse de la pregunta “¿está financiado o no?” para entrar en otra: ¿qué tipo de práctica se elige habitar? Paraíso Club, desde su modelo de producción y sostenibilidad, es un proyecto que decide organizar su economía de un modo particular: el público se vuelve productor, la obra se sostiene desde una comunidad de suscriptores y desde el apoyo de sistemas de financiamiento como mecenazgos etc que son solo una parte de un proyecto que busca comunidad. En ese sentido, lo “independiente” aparece menos como una carencia que como una elección: la de armar circuitos propios, de poner el cuerpo en zonas que no están completamente dentro del sistema hegemónico del arte, pero que tampoco se definen solo por estar afuera.

Pochi-Pochi como ejercicio biodramático en el presente

Pochi-Pochi, escrita junto a Rita Pauls, se inscribe en una larga línea de trabajo: un “ejercicio biodramático” que pone fotos de familia y relatos en el centro de la escena. La propuesta funciona como una máquina sensible: cada performer aporta su imagen infantil y su escritura, y a partir de ahí se construye una ficción que no borra lo real, sino que lo amplía.

En el contexto de la edición Paraíso, coordinada por Paraíso Club, la obra gana una capa extra: la feria, el puesto de verduras, la comida compartida convierte el evento en una experiencia comunitaria. El espacio del Galpón deja de ser solo un lugar de “función” para devenir un ámbito de encuentro, donde la infancia se vuelve un territorio común de ficción, certeza y magia.

Pensada desde la llamada escena independiente (entendido en el sentido amplio de la producción artística), esta noche puede leerse como una práctica que elige sus maneras: no es un espectáculo en un teatro grande, no es un taller cerrado, no es una muestra académica. Es una zona de fuga donde se activan cuerpos, memorias y vínculos, y donde lo que se pone en juego no es solo el producto artístico, sino la posibilidad de estar juntas de otra manera. El financiamiento no anula esa elección; al contrario, la hace más interesante: se trata de usar esos recursos para sostener prácticas que no se pliegan del todo a la lógica del gran teatro ni a la del espectáculo masivo.

Una prueba viviente de que ese breve momento infante oculta y resguarda en sus imágenes una encrucijada infinita. Y, al mismo tiempo, una muestra de cómo la trayectoria de Tellas (entre lo under, lo institucional y lo académico) sigue alimentando formas de hacer arte que ponen la vida en el centro de la escena.

Trayectoria de Vivi Tellas: entre lo under, lo institucional y zonas de fuga

Vivi Tellas (Buenos Aires, 1955) es una figura clave de la escena argentina desde los años 80, donde en plena transición democrática, fue referente de la Movida: creó el grupo Bay Biscuit y dirigió Teatro Malo, dos experiencias que marcaron una manera de hacer teatro en la calle, en espacios no convencionales y con una energía cercana al rock y a la performance.

En los 90, ya en el Centro Cultural Ricardo Rojas, fundó el CET (Centro de Experimentación Teatral) de la UBA y desarrolló el proyecto Museos (1994–2000), donde pensaba la teatralidad de los museos y la manera en que los teatros incorporan lógicas museísticas. Antes de pasar a la dirección artística del Teatro Sarmiento (2001–2009), trabajó como asesora en Artes Escénicas en el Centro Cultural Recoleta, consolidando un perfil que mezcla gestión, curaduría y creación.

Leer esa trayectoria desde el ámbito independiente no implica buscar una “pureza” fuera de lo institucional, sino detectar los intersticios que ciertas prácticas abren incluso dentro de estructuras con financiamiento. Tellas pasó por lugares con presupuesto (el Rojas, el Sarmiento, el Konex) y, sin embargo, su trabajo no deja de generar fisuras: sacar la escena del teatro tradicional, ponerla en un galpón, rodeada de feria, comida y gente que pasa, trabajar con personas “no profesionales” o con materiales íntimos (fotos, recuerdos, textos personales).

Ese gesto es afín a muchas prácticas de la escena contemporánea que, aunque a veces acceden a subsidios, becas o apoyos de fundaciones, eligen habitar espacios no teatrales, economías precarias o modelos de autogestión, y apostar a una política del cuerpo que no se reduce a la profesionalización ni al mercado.

Aportes académicos y curatoriales: el Proyecto Biodrama como apertura de intersticios

En el plano académico y curatorial, el aporte más reconocido de Tellas es el Proyecto Biodrama, nacido cuando dirigía el Teatro Sarmiento. Biodrama es un programa de biografías escénicas que propone un teatro basado en vidas reales, documentos, archivos y testimonios. Dentro de ese marco, desarrolló el Ciclo Biodrama en el Teatro Sarmiento (2002–2009) y la serie Archivos (2003–2008), donde dirigió espectáculos con intérpretes no profesionales que trabajaban sobre sus propias historias y materiales.

Algunos títulos emblemáticos de esa línea son Mi mamá y mi tía, Tres filósofos con bigotes, Cozarinsky y su médico, Las personas, Los amigos. Un biodrama afro, entre otros. Esos trabajos han sido estudiados en tesis y artículos como ejemplos de un “teatro biográfico-documental” que busca lo real como utopía en la escena contemporánea.

Tellas también ha sido investigadora, docente y conferencista; es Fellow de la Universidad de Princeton por el Consejo de Humanidades, publicó el libro Biodrama: Proyecto Archivos y ha sido oradora en TEDxRíoDeLaPlata. En 2024 recibió el Premio Konex de Platino como Directora de teatro y curadora, y ha sido distinguida como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde una mirada cercana a la danza independiente, Biodrama puede leerse como un proyecto que abre intersticios dentro del sistema teatral: permite que personas que no son actrices ni bailarines entren en escena con sus cuerpos, sus historias y sus archivos. Ese gesto es afín a muchas prácticas de danza contemporánea que trabajan con comunidades, con memorias locales y con cuerpos que no responden al ideal técnico del bailarín profesional.

Volver sobre esa alianza entre archivo, cuerpo no profesional y comunidad es también, en el fondo, agradecer el gesto de programaciones como esta. Gracias a Paraíso Club por la invitación y por sostener este tipo de programaciones que acercan el arte a la gente de un modo tan concreto y sensible. 

Edito esta nota: Dalilah Spritz

@dalilahspritz​

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